¿Qué es la Hepatitis C?

 

La hepatitis C es una enfermedad infecciosa, lo que significa que es causada por microorganismos capaces de dañar al sistema. En este caso, el agente causal es el virus de la hepatitis C.

Este virus se divide en seis tipos (llamados genotipos) que se denominan con los números del 1 a 6. En México, el más común es el genotipo 1, que aparece aproximadamente en 75% de los casos. Desafortunadamente, este es el tipo de virus de hepatitis C que suele tener una peor evolución y que es más resistente al tratamiento.

En nuestro país, las cifras más confiables señalan que la hepatitis C tiene una prevalencia de 1.4% (datos publicados en 2011), lo que representa alrededor de un millón y medio de personas.

Contagio

El virus de hepatitis C se adquiere cuando la sangre de una persona infectada ingresa al cuerpo, lo que puede suceder mediante alguna de las siguientes circunstancias:

  • Por punción con agujas contaminadas por el virus.
  • Por contacto de sangre procedente de personas infectadas con heridas en la piel o mucosas.
  • En raras ocasiones, el contagio ocurre por transmisión sexual.

 

Anteriormente, el virus se diseminaba por medio de las transfusiones de sangre y los trasplantes de órganos, pero gracias a la implementación (a principios de los noventa) de la prueba de detección para los donadores se logró eliminar esta forma de infección. En la actualidad, la hepatitis C se contrae más frecuentemente entre los usuarios de drogas inyectadas que comparten agujas.

Por otro lado, los trabajadores de la salud que usualmente tienen contacto con sangre también están en riesgo, así como aquellas personas que se hacen tatuajes o se someten a tratamientos de acupuntura en lugares que no tienen una higiene adecuada del equipo. Un bajo porcentaje (6%) de bebés nacidos de madres infectadas, son contagiados. En forma poco común, el virus puede adquirirse al usar objetos de higiene personal (cepillos de dientes, rastrillos, rasuradoras) de personas enfermas.

Síntomas

En la mayoría de las personas con infección reciente no existen síntomas, aunque algunas pueden presentar un color amarillento en la piel en forma transitoria. Alrededor de 70% de los infectados desarrolla hepatitis crónica y la mayoría de estos no manifiesta síntomas, aunque pueden padecer cansancio, malestar general y trastornos cutáneos.

Los síntomas aparecen después de un tiempo prolongado, cuando el virus ha causado un daño considerable. La cirrosis es una de las consecuencias de la infección por el virus de hepatitis C, la cual consiste en una cicatrización del hígado que va mermando la funcionalidad de este órgano. Los enfermos de hepatitis C también están en riesgo de desarrollar cáncer del hígado.

Los síntomas pueden incluir dolor articular y muscular, fatiga, fiebre, falta de apetito, prurito, hinchazón del abdomen, heces pálidas, orina turbia, náusea y vómito.

¿Cómo saber si tengo hepatitis?

El diagnóstico de esta enfermedad se establece únicamente mediante la realización de una prueba de laboratorio, para la que se requiere tomar una muestra de sangre. En esta prueba se busca la presencia de anticuerpos contra la hepatitis C, lo que significa que nuestro cuerpo ha tenido contacto con el virus previamente. El hallazgo de los anticuerpos no es un resultado definitivo, sino que debe realizarse un segundo estudio en el que se busca material genético del virus, cuya existencia revela una infección en curso.

¿Se puede curar la hepatitis C?

Afortunadamente, esta enfermedad es curable. El objetivo del tratamiento es eliminar el virus para prevenir el daño del hígado. Desde hace pocos años, se cuenta con fármacos que han superado en forma considerable los resultados obtenidos con las terapias previas, ya que ofrecen un mayor índice de curación y causan menos efectos adversos, además de que su administración es más fácil y por lapsos más cortos.

Pregunte a su médico sobre las nuevas terapias contra la hepatitis C.

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