Sobre la salud social en México

Actualmente el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) es el organismo de salud más grande del país y de América Latina. Desde su creación en 1943 en el gobierno de Manuel Ávila Camacho ha permitido que la población derechohabiente acceda a servicios que para muchos serían incosteables en la práctica privada; como consultas, atención especializada, cirugías, estudios de laboratorio y otras pruebas diagnóstico.

Y todo esto se costea mediante las contribuciones del empleador, el empleado y el gobierno; recordemos que al sistema de seguridad social solo pueden acceder aquellos trabajadores (y familias) del sector formal, activos y jubilados. Tan solo en el 2016 se contabilizaban 62’161,000 derechohabientes del IMSS.

Pero, los actuales declives económicos han generado dudas sobre las repercusiones que puedan padecer los servicios públicos de salud; esto debido a los constantes recortes que realiza el gobierno al presupuesto, este año se asignaron 622 mil 600 millones de pesos al IMSS.

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De acuerdo al director general del IMSS, el maestro Mikel Arriola, se ha superado la situación financiera, de manera que se puede garantizar su viabilidad para los siguientes dos años, por lo que el instituto contará con suficiencia económica hasta 2019 (octubre de 2016). Sin embargo la percepción popular es otra. Frecuentemente, las instituciones han sido blanco de severas críticas debido a la mala atención de los empleados y la falta de medicamentos en las farmacias de las clínicas, entre otras situaciones.

La realidad es que el IMSS enfrenta situaciones alarmantes. Aunque los ingresos de la institución continúan creciendo (a un ritmo de 3.34% anual) los gastos crecen más rápido (a una tasa media del 5.2% anual), debido a que el número de pensionados, a los cuales proporciona servicios de salud, está aumentando y el número de derechohabientes nunca fue tan alto, hoy alcanza los 14 millones. A todos ellos el IMSS debe proveerles atención médica principalmente en enfermedades crónico-degenerativas (diabetes, obesidad e hipertensión arterial), es decir, los padecimientos que requieren atención de por vida.

Este tipo de enfermedades representan para el sistema de salud mexicano un enorme gasto, de acuerdo a cifras de la FUNSALUD los costos directos de la DM II se estimaron en $179, 495.3 millones de pesos (en 2013), lo que representa el 1% del PIB; el 40% de esta carga económica recae en el sector público y sus sistemas de salud.

La OCDE, en el documento Estudios de la OCDE sobre los Sistemas de Salud: México 2016, menciona que nuestro país está en riesgo de mantener un sistema de salud fragmentado que perpetúe las inequidades marcadas en el acceso y la calidad de los servicios públicos. “Un sistema de salud ineficiente e indiferente a las necesidades de salud impedirá que México logre la salud, la prosperidad y el progreso (…)”

Sin duda nos enfrentamos a un enorme reto para mejorar el sistema de salud mexicano, necesitamos pensar en políticas económicas que eviten que los problemas ahora presentes no se vuelvan más complicados, y de paso, afecten el bienestar de los mexicanos. Evitemos que nuestro presidente vuelva a preguntarnos ¿Qué hubieran hecho ustedes?
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