Discriminación desde el sistema de salud hacia pacientes con VIH.

Todos hemos escuchado sobre el VIH y tenemos más o menos claro cómo se transmite, sus consecuencias y sobre todo la importancia de la protección; pero ¿qué tanto sabemos sobre la discriminación hacia los portadores de este virus?

Desde el inicio de la pandemia, sí, el VIH se considera pandemia ya que 36.7 millones de personas en el mundo viven con él, el respeto a sus derechos y a la no discriminación ha tenido particular atención de distintas organizaciones mundiales.1

Una persona con VIH, además de experimentar cambios en su salud y calidad de vida, experimenta cambios en la percepción que los demás tienen de él. Tan sólo en México el 36% de la población, de acuerdo a la CONAPRED, no permitiría que este tipo de pacientes viviera en sus casas después de ser diagnosticados.2

Se calcula que en 2013 había 180,000 personas viviendo con VIH y SIDA en México. 3

Se enfrentan a una (doble) discriminación a causa de los mitos y prejuicios que existen sobre el cómo se adquiere la enfermedad; no sólo por ser portador sino por ser homosexual; aún cuando NO es una enfermedad exclusiva de la población homosexual aunque sí mayoritaria. Es importante resaltar que no todos los homosexuales, por el hecho de serlo, padecerán VIH, pero sí la mayoría de quienes la padecen son homosexuales.

Como dato: el 95.1 % de la infección en México es por vía sexual y el 19.8% son mujeres.3

Lo que es aún más preocupante, es que, de acuerdo a Luis Adrian Quiroz, coordinador general de la organización de derechohabientes “Viviendo con VIH/SIDA” del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la discriminación que sufren este tipo de pacientes ocurre sobre todo en centros de trabajo y en hospitales.

Leíste bien, hospitales. De acuerdo al coordinador, se han reportado casos de discriminación en distintos hospitales del IMSS, entre ellos el aislamiento de los pacientes por temor a que contagien a otros, la negación de los servicios, violación de la confidencialidad, entre otros. 4  ¿Deberíamos creerle?

Se estima que en la Secretaria de Salud hay 57,073 personas recibiendo tratamientos antirretrovirales.3

Pues resulta que en el 2007, la CONAPRED, a partir de la iniciativa de CENSIDA, realizó una investigación en distintos hospitales del IMSS e ISSTE, para construir un escenario de la discriminación que existe hacia estos pacientes por parte de los trabajadores del sector salud. Las respuestas te sorprenderán.

Para empezar el 28.6% de los entrevistados (médicos, enfermeras, laboratoristas, trabajadores sociales y recepcionistas) cree que el VIH y el SIDA son lo mismo; y no, no sólo los trabajadores del área administrativa lo creen (65%), sino también algunos médicos médicos (11.8%). ¿Desconocimiento, ignorancia?.

¿Qué tal esto? Aún hay quienes consideran que se puede adquirir VIH por usar el mismo baño que una persona infectada (1.5%) o por la picadura de algún insecto o mosquito (6.8%), o por el contrario, quienes creen que una madre VIH positiva no puede contagiar a su hijo a través de la lactancia (12.9%). Sí, aún existe este nivel de desinformación.

Más allá de la ignorancia, resuena el tema de la discriminación: 12.1% de los entrevistados considera que no se debe permitir a los pacientes con VIH tener contacto con otros enfermos en la sala de espera, 33.3% está de acuerdo en que sean hospitalizados en sitios aislados por el bien de los pacientes, (¿es en serio?) y el 23.5% cree que sería lo correcto para proteger al personal de salud. ¿Esto es protección o discriminación?

El personal entrevistado asegura que no debería permitirse a los cirujanos con VIH seguir laborando (27.3%), y está seguro de que no podrían trabajar con alguien infectado (2.3%), no podrían ir con un dentista VIH positivo (37.9%) ni con un doctor homosexual (7.6%) , consideran que el uso de baños públicos y albercas deberían estar restringidos a estos pacientes (11.4%),  y que no deberían tener el derecho a patria potestad. (6.8%).

Y sí, lamentablemente, personal de las instituciones públicas de salud (IMSS e ISSTE) está segura de que la homosexualidad es la causa del SIDA en México (17.4%) y que quienes padecen esta enfermedad están recibiendo un “castigo por sus comportamientos” (8.3%).

¿No deberían estos centros, y personas, profesionales, ser los que menos discriminación ejercieran hacia los pacientes? ¿No deberían ser ellos quienes fomentaran la igualdad de derechos y oportunidades de acceso a la salud? Ni el problema, ni la culpa, son de los pacientes, ya sean homosexuales, sexoservidores, drogadictos o personas comunes, el problema radica en que, por sus vías de transmisión, seguimos mirando al VIH / SIDA con repulsión y miedo, mientras que a otras enfermedades las vemos hasta con compasión.

¿Podremos como país superar algún día los estigmas y prejuicios? Empecemos por impartir educación e información a los profesionales de salud, al final son ellos quienes tienen el primer contacto, y quiénes les darán a los pacientes la primera visión de cómo será su mundo como VIH positivos.