¿Paciente Autista? Tú puedes cambiar su vida desde la atención primaria.

El trastorno de espectro autista (TEA), autismo que aparece en  la infancia temprana se caracteriza por problemas en la interacción social, la comunicación e incluso presentan comportamientos repetitivos.1  Sin embargo, los síntomas son altamente variables, en cuanto a presentación y severidad, por lo que el diagnóstico definitivo podría estar fuera del alcance de la atención primaria. 2

Aunque la Academia Americana de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés) recomienda que los niños en los que haya sospecha de TEA se remitan a un especialista para que les realice una valoración completa, 2  se ha observado que la experiencia que se tenga con respecto al TEA es más importante que la acreditación para lograr un diagnóstico preciso.2

Actualmente, se cuenta con varias herramientas para facilitar el diagnóstico de autismo. En efecto, el uso adecuado de estos recursos requiere cierta capacitación y experiencia. Si no se posee un conocimiento amplio sobre el autismo y la aplicación de los criterios de diagnóstico, se recomienda que los clínicos y pediatras remitan a los pacientes que tienen posibilidad de autismo con un colega que cuente con la experiencia necesaria.1

La mejor forma para realizar una evaluación diagnóstica requiere la valoración de múltiples áreas de funcionamiento, lo que debe incluir una entrevista con los padres del paciente y la observación del desempeño actual del mismo por parte de un clínico experimentado.2

Más vale un diagnóstico a temprana edad

La intervención de inicio temprano brinda mayores posibilidades de alcanzar resultados favorables. Es por ello que el monitoreo regular de los niños pequeños en busca de signos y síntomas de TEA resulta crucial para identificar prematuramente a estos pacientes.1

El médico que brinda atención primaria podrá no ser capaz de determinar la existencia de los criterios del DSM-5 en pacientes con TEA. No obstante, tiene un papel fundamental para el manejo médico de los pacientes, lo que puede incluir la identificación y tratamiento de las condiciones concurrentes.2

Efectivamente, los pacientes con TEA pueden presentar condiciones coexistentes que incluyen problemas del desarrollo, psiquiátricos, neurológicos y médicos. Es por ello que los niños que padecen TEA necesitan un apoyo sustancial para atender no solamente los síntomas centrales, sino el rango completo de condiciones y manifestaciones.3

De esta forma, el médico general puede realizar las siguientes tareas, pudiendo requerir el apoyo de subespecialistas:2

  • Monitorear la presencia de problemas médicos comúnmente presentes en pacientes con TEA, incluyendo crisis convulsivas, síntomas gastrointestinales y trastornos del sueño.
  • Revisar la existencia de alteraciones de la conducta y psiquiátricos que pueden coexistir con el TEA, como trastorno de hiperactividad y déficit de atención, ansiedad, trastorno obsesivo compulsivo, trastornos del estado de ánimo y comportamientos disruptivos.

 

  • Colaborar con especialistas médicos y en terapia conductual con relación al manejo médicos de los síntomas concurrentes.

Los tratamientos más efectivos incluyen las terapias intensivas de conducta, educacional y psicológica. Los pacientes con TEA deben introducirse a estos programas especializados tan pronto como se tenga el diagnóstico.En cada caso, se deben sopesar los posibles beneficios de la terapia farmacológica y los posibles efectos adversos.1

El médico que brinda atención primaria tiene un papel integral en la identificación, manejo y cuidados de los pacientes con TEA.2

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