Vesículas Extracelulares, una prometedora alternativa en cardiopatías.

Las células del cuerpo liberan vesículas hacia el exterior, cuyo contenido varía en cuanto a composición y concentración en los estados de salud y enfermedad. El campo de investigación de las vesículas extracelulares está creciendo de manera exponencial, pues poseen potencial para varias aplicaciones clínicas.1

Anteriormente, publicamos un artículo sobre el este apasionante tema de las vesículas extracelulares, cuyos alcances en la fisiología y patología apenas empiezan a descubrirse. En esta ocasión, lo retomamos para abordar su papel en las enfermedades cardiovasculares.

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Las vesículas extracelulares abarcan una variedad de estructuras vesiculares, que se han agrupado en tres categorías: exosomas (tamaño <100nm), microvesículas (100nm a 1mm) y cuerpos apoptósicos (1 a 4mm), que además de tener distinto tamaño, divergen en cuanto a su formación y mecanismo de liberación.2-5

El correo del cuerpo

Hasta hace poco, se consideraba que las vesículas extracelulares eran desechos celulares y carecían de importancia funcional.4,5 Ahora sabemos que actúan como correos que son liberados fisiológicamente por casi todos los tipos de células y transportan mensajes complejos, incluso a partes remotas dentro del cuerpo, formando un sistema de comunicación intercelular.2-5 Estos organelos “mensajeros” influyen la actividad de la célula destino, lo que podrían conseguir mediante, por ejemplo, la interacción con receptores de membrana, disparando sistemas de señalización y uniéndose a la célula blanco para liberar su contenido en el medio intracelular.6

Su potencial utilidad clínica reside en su contenido, el cual consiste en una variedad de biomoléculas como proteínas (como citocinas, factores de crecimiento y de transcripción), lípidos, ADN, ARNm y ARN no codificante.2-6 Las vesículas trasladan moléculas tanto en condiciones normales como patológicas, habiendo notables variaciones en su cargamento dependiendo de los estímulos microambientales.2

Las vesículas y el sistema cardiovascular

El sistema cardiovascular suele fungir como la vía por la que circulan vesículas extracelulares de muy variado origen.2 Son diversas las células del sistema vascular que pueden secretar exosomas, incluyendo a los eritrocitos, plaquetas, células endoteliales, monocitos, linfocitos, células dendríticas, mastocitos y células de la vasculatura tumoral.4

Las células del endotelio vascular son importantes productoras de vesículas extracelulares, las cuales intervienen en una conversación que tienen estas células entre ellas, así como con células de músculo liso vascular y células inmunológicas.2

Se sabe que las vesículas extracelulares cardiovasculares ejercen una función de señalización en condiciones normales, pero también en patologías como la aterosclerosis.2,3 Se ha encontrado una elevación y diferente composición de las vesículas extracelulares en presencia de enfermedades cardiovasculares.3 Además, se ha demostrado que los exosomas y otras micropartículas tienen una acción ateroprotectora o aterogénica en distintas condiciones que se acompañan de aterosclerosis.4 Estas estructuras se han convertido en candidatos promisorios para identificar biomarcadores con utilidad para el diagnóstico y pronóstico de las patologías cardiovasculares.2

Por ejemplo, un equipo de investigadores japoneses realizo una investigación en la que encontró que había niveles elevados de microARN 1 (miR-1) y miR-133a en el suero de pacientes con infarto del miocardio, angina inestable y cardiomiopatía de Takotsubo, que presentaban concentraciones normales de creatina-fosfoquinasa sérica o de troponina cardíaca. Esto indica que dichas moléculas de microARN poseen un mejor valor diagnóstico, en comparación con los biomarcadores clásicos.2

Hay evidencia creciente de que la vesículas extracelulares están elevadas en pacientes con resistencia a la insulina, diabetes mellitus tipo 2 y síndrome metabólico, siendo más altos en aquellos que presentan complicaciones microvasculares o macrovasculares, incluyendo aterosclerosis. Por el contrario, su cantidad se reduce significativamente después de someter al paciente a una restricción calórica o cirugía bariátrica. El aumento en las vesículas no solamente ocurre en la aterosclerosis, sino que está presente en otras enfermedades cardiovasculares como la hipertensión y después de un infarto del miocardio o un evento cerebral vascular.5

En la actualidad, tenemos un conocimiento incipiente sobre la utilidad de las vesículas extracelulares circulantes como biomarcadores para el diagnóstico y pronóstico del riesgo cardiovascular, siendo necesario que se lleven a cabo más estudios que evalúen su valor como herramientas clínicas. Asimismo, resta aclarar el origen celular del microARN, los mecanismos de envoltura y secreción, así como su papel funcional.2

Una potencial vía terapéutica

La certeza de que los exosomas poseen propiedades proangiogénicas y cardioprotectoras, revela su potencial terapéutico en el área de la cardiología.3 Un aspecto atractivo del uso de las vesículas extracelulares en la terapéutica, es la posibilidad de modificar su cargamento para elevar sus capacidades protectoras.5 Además de usar las vesículas extracelulares como vectores de proteínas específicas, se les contempla como transportadores potenciales para la terapia génica.3

En la última década, las vesículas extracelulares empezaron a atraer la atención de la comunidad científica y representan una de las áreas más prometedoras de la investigación endocrinológica. Sin embargo, queda mucho por descubrir.5

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