Inmunoglobulina IV al 10%, una valiosa incorporación al sector salud.

En forma reciente, las instituciones de salud pública incorporaron una nueva formulación de inmunoglobulina intravenosa al 10%, para poder proporcionar un tratamiento eficaz a la población de pacientes con inmunodeficiencias primarias (IDP). Eso abre la posibilidad para que muchas personas que padecen esta enfermedad genética obtengan el tratamiento adecuado, que les permita una mejoría sustancial de su enfermedad y calidad de vida.

Impacto de las inmunodeficiencias primarias

Sobre las diferentes formas de IDP (hay más de 200), sabemos que estos trastornos ocasionan una mayor susceptibilidad a padecer infecciones recurrentes por causa de los defectos genéticos que afectan la función de la inmunidad humoral y/o celular.1

Las anomalías genéticas causales pueden ser heredadas de los progenitores o pueden ser mutaciones de novo, de acuerdo con la doctora Sara Elva Espinosa Padilla, Jefa de la Unidad de Investigación en Inmunodeficiencias del Instituto Nacional de Pediatría.

La subespecialista en inmunología pediátrica también explicó que los pacientes con defectos de las inmunoglobulinas tienen manifestaciones como infecciones repetitivas en vías respiratorias y tracto digestivo, fiebre recurrente, retraso del crecimiento y desarrollo, lesiones en la piel y frecuentes tratamientos con antibióticos.

Con base en las cifras epidemiológicas existentes en otros países, se estima que en México podría haber más de 200 mil personas afectadas por alguno de los distintos tipos de IDP. El problema es que muchas veces no se obtiene un diagnóstico apropiado, lo que también impide un manejo correcto. Al respecto, la doctora Espinosa afirma que “en nuestro país existe un subdiagnóstico y un subregistro de las IDP.”

Una labor fundamental

La también Doctora en Inmunología nos comentó que la Unidad de Investigación en Inmunodeficiencias del Instituto Nacional de Pediatría se ha convertido en un agente activo e importante para impulsar la investigación sobre el diagnóstico y tratamiento de las IDP, así como para la capacitación de personal especializado en esta materia. Aunado a esto, brinda atención clínica a los pacientes que son referidos desde cualquier parte de la república y de cualquier institución, ya sea pública o privada, para hacer un diagnóstico específico. Por otra parte, con apoyo de laboratorios farmacéuticos, dicha Unidad de Investigación se ha esmerado en hacer investigaciones epidemiológicas y evaluar los resultados de los tratamientos.

“En la Unidad de Investigación en Inmunodeficiencias del Instituto Nacional de Pediatría, se da atención a entre 100 y 150 niños con sospecha de IDP, cada año.”

–Dra. Sara Espinosa

Terapia de IgG IV al 10%

Actualmente, la terapia de reemplazo de inmunoglobulina G (IgG) se considera como la terapia de elección para los pacientes con IDP en los que existe una alteración de los niveles séricos de IgG o en la producción de anticuerpos.1 Esto incluye a más de la mitad de los pacientes con IDP, en los que es necesario administrar terapia de reemplazo con inmunoglobulinas en forma mensual, para que puedan sobrevivir, según nos comenta la doctora María Dolores Mogica Martínez, Coordinadora de la Clínica de Inmunodeficiencias Primarias del Centro Médico Nacional “La Raza”, del IMSS.

Desde 2004, se añadió la terapia con inmunoglobulinas al cuadro básico de medicamentos para el tratamiento de pacientes con inmunodeficiencias, en preparaciones al 5% y 6%. Seis años después, en 2010, se agregaron las formulaciones de inmunoglobulinas al 10%. Finalmente, en agosto de 2016, se integraron al esquema del Seguro Social.

La doctora Mogica, quien forma parte de la Asociación de Inmunodeficiencias Primarias de Latinoamérica (LASID), declaró que las diversas ventajas de la preparación de inmunoglobulina al 10%, a diferencia de las concentraciones más reducidas, incluyen la posibilidad de ampliar el lapso entre una dosis y otra, mejorar el tiempo de infusión, alcanzar una vida media más alta de los anticuerpos y disminuir la frecuencia de las infecciones.

Un estudio publicado en 2006, en el Journal of Clinical Immunology, evaluó la farmacocinética, eficacia y seguridad de la preparación líquida intravenosa de inmunoglobulina al 10%. En él participaron 61 pacientes pediátricos y adultos con IDP, que recibieron dosis de 300 a 600 mg/kg de peso corporal, cada 21 a 28 días, durante 12 meses. Durante el estudio, no se reportaron infecciones bacterianas agudas de importancia. La mediana de vida media de la IgG fue de 35 días y los niveles de la inmunoglobulina fueron de 9.6 a 11.2 g/l (mediana). En cuanto a la seguridad, el evento adverso más común fue la cefalea, que se asoció con 6.9% de las infusiones. Tales hallazgos permitieron asegurar que el tratamiento fue eficaz y tuvo una excelente tolerabilidad.1

Diagnóstico tardío, un problema a vencer

La doctora Mogica, especialista en Pediatría e Inmunología Clínica y Alergia, asevera que muchas veces, los padres de los niños con IDP se rehúsan a aceptar que su hijo tenga algún problema hereditario y buscan alternativas, yendo de un médico a otro y probando diferentes terapias sin éxito duradero. Esto tiene repercusiones serias, porque al momento del diagnóstico de una IDP, los pacientes ya tienen un historial de múltiples tratamientos con antibióticos y notable retraso del desarrollo.

Para que haya una mayor detección de los casos de IPD, se han implementado acciones que buscan informar a los médicos sobre este tipo de problemas. La doctora Mogica ha estado involucrada en esta labor de difusión durante 25 años. Eso ha permitido que se eleve la cantidad de pacientes que son referidos a los hospitales de especialidad.

“Actualmente, en el Centro Médico Nacional de La Raza se recibe a 208 pacientes, niños y adultos, que van cada mes a la aplicación mensual del tratamiento.”

–Dra. María Dolores Mogica

A pesar de que la mayoría de las instituciones federales de salud brindan el tratamiento de forma permanente a los pacientes con IDP, el Seguro Popular cubre la aplicación de la inmunoglobulina hasta los seis años de vida. Por tal motivo, se está pugnando para que el tratamiento se extienda, cuando menos, hasta que los pacientes cumplan la mayoría de edad, apuntó la doctora Sara Espinosa.