La importancia de la dieta en el paciente con cáncer de mama.

Es bien sabido que los pacientes con cáncer requieren una nutrición adecuada, pues su organismo necesita recibir los nutrientes adecuados para lidiar con los efectos del cáncer y el tratamiento. De hecho, los pacientes que están bien nutridos, poseen un mejor pronóstico y calidad de vida.1

Existe evidencia de que la pérdida de masa magra es un factor de riesgo independiente de desenlace negativo en los pacientes oncológicos. Por otra parte, la reducción inadecuada de peso en pacientes obesos con cáncer también podría relacionarse con un mal resultado, por la disminución de masa muscular.2

Existe abundante literatura con respecto a la nutrición recomendada en diversos tipos de cáncer, pero en este artículo hablaremos específicamente del cáncer de mama (el más prevalente entre las mujeres a escala mundial). 3

La alimentación en cáncer de mama

Se ha visto que las mujeres con cáncer mamario que aumentan su peso durante o después del tratamiento, poseen un mayor riesgo de mortalidad relacionada con esta malignidad.4

En cuanto a alimentos concretos, hay evidencia preclínica de que las dietas con contenido excesivo de grasas y carbohidratos pueden incentivar los procesos metabólicos y hormonales que afectan el desarrollo de metástasis del cáncer de mama. Por otra parte, diversos hallazgos sugieren que un consumo elevado de grasas saturadas y lácteos con alto contenido de grasa podría asociarse con un mayor riesgo de mortalidad por cáncer mamario.4

Aunque se pueden encontrar versiones que recomiendan evitar el consumo de soya por su contenido de estrógenos, no existe respaldo de estudios clínicos para este planteamiento. De hecho, los granos de soya contienen isoflavonas (fitoestrógenos) y proteínas de la soya. En estudios preclínicos, se ha visto que algunos productos elaborados con soya y que tienen un alto contenido de isoflavonas, poseen efectos anticancerosos que se han asociado con la apoptosis, antiangiogénesis y reducción de los niveles de hormonas sexuales.4

No se tiene evidencia concluyente sobre el efecto del consumo de soya para reducir la recurrencia del cáncer, pero sí ha quedado claro que no es necesario eliminarla de la dieta. Además, aumentar su presencia en la alimentación podría ayudar a manejar en forma apropiada el peso corporal, utilizándola como reemplazo de fuentes de proteína que poseen un mayor contenido de calorías, como la carne.4

Un nutriente importante es la vitamina D, cuyos niveles bajos pueden estar relacionados con un mayor riesgo de muerte por el cáncer de mama. La vitamina D exhibe propiedades de prodiferenciación y antiproliferación.4

Puede ser prudente mantener un monitoreo de las concentraciones séricas de 25-hidroxivitamina D en las pacientes con cáncer mamario, buscando que se mantengan dentro del rango normal de 30 a 80 ng/ml. Esto no solamente se sustentaría en su potencial efecto sobre la supervivencia, sino que también supone un beneficio porque la quimioterapia, el tamoxifeno y la supresión ovárica provocan reducción de la densidad ósea en mujeres premenopáusicas, mientras que los inhibidores de la aromatasa disminuyen la densidad ósea y aumentan el riesgo de fracturas en mujeres posmenopáusicas.4

El manejo nutricional de las pacientes con cáncer mamario debe regirse por una serie de objetivos claros, que consisten en:3

  1. Limitar la pérdida de peso entre 5 y 10% del peso corporal inicial, mediante una alimentación con restricción de calorías que se establezca con base en la edad e índice de masa corporal (IMC) de la paciente.
  2. Aumentar la calidad de la dieta con alimentos densos en nutrientes.
  3. Disminuir el consumo de azúcares y grasas añadidas.

 

Si deseas consultar las referencias de este artículo, solicítalas a nuestro equipo de redacción llenando este formulario: