Los huesos, otra víctima de la diabetes.

Se ha reconocido ampliamente que la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) implica el desarrollo de una variedad de complicaciones como la nefropatía, retinopatía, neuropatía y enfermedades cardiovasculares. Pero hace poco, se empezaron a atar los cabos sueltos que han revelado que la DM2 también causa deterioro de los huesos. 1

Un cúmulo de evidencias señala que las personas con DM2 poseen un mayor riesgo de fracturas, particularmente de la cadera, a pesar de tener una densidad ósea normal o elevada. Este efecto deletéreo se ha asociado con una mayor duración de la enfermedad y con un control deficiente de la glicemia. 2

Hay evidencia sustancial que demuestra que la fragilidad esquelética debe considerarse entre las complicaciones asociadas con la diabetes tipo 2. 3

Se estima que la DM2 se asocia con un riesgo hasta tres veces más alto de sufrir fracturas de cadera y de otros huesos no vertebrales. Para colmo, según evidencias recolectadas en los Estados Unidos, se ha visto que esta relación es mayor entre los mexicano-americanos que entre la población no hispánica. 3

Pero ¿por qué hay más riesgo de fracturas si la densidad mineral es normal? La explicación parece consistir en que el recambio óseo está disminuido en la DM2, además de que las propiedades del hueso y su microestructura sufren alteraciones. 4

La patogénesis de la fragilidad ósea de los diabéticos es multifactorial e incluye la participación de la obesidad, hiperinsulinemia, hiperglicemia, acumulación de productos finales de la glicación avanzada y la patología microvascular. 3

Estas circunstancias provocan alteraciones en el colágeno, aumentan la adiposidad de la médula ósea, generan la liberación de factores inflamatorios y adipocinas, además de que pueden afectar el funcionamiento de los osteocitos. 4

Al parecer, los medicamentos antidiabéticos, excepto las tiazolidinedionas, carecen de efectos nocivos sobre el esqueleto; sin embargo, es necesario indagar más profundamente en este tema. 1 Por lo pronto, el manejo clínico debe enfocarse en prevenir las caídas, evitar los factores de riesgo conocidos, mantener un adecuado control glicémico y tomar medidas para proteger los huesos de los pacientes con riesgo alto de fracturas. 2

Finalmente, es prioritario determinar las estrategias óptimas para reducir la fragilidad ósea en los pacientes con DM2, lo que sigue siendo un tema pendiente por resolver. 1

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